Y al caer la noche, cuando ya los corazones están quietos,
las almas decantan nuestro día a día en su eternidad,
y solo nos queda pensar si fue un día más...
otro día en que pasamos por el mundo sin cambiar nuestra historia,
otro día en que pasamos sin cambiar la historia de nadie.
Quizá faltó una sonrisa,
quizá no falto nada;
tal vez nuestro destino no era cambiar el mundo hoy...
tal vez no quisimos hacerlo.
Como algunos viejos en alguna parte dicen,
que para alguien "tu eres el mundo"
ese mundo hoy estuvo lejos de aquí.
Y simplemente al mirar atrás,
vimos que nuestro ser superior parecía dormido.
Y los dormidos somos nosotros mismos.